Del 6 de febrero al 17 de abril

Martes y miércoles de 17 a 20 h.

Jueves, viernes y sábado de 10 a 14 h y de 17 a 20 h.

Lunes, domingos y festivos cerrado

Agustín Serisuelo (2017)

Statement

La interpretación experiencial del territorio es la motivación que estructura mi práctica artística, con marcado interés por el entorno más inmediato y sus connotaciones como elemento vertebrador de identidad social. Para ello, resulta fundamental establecer puntos de conexión con el lugar, por lo que se precisa de largas jornadas de trabajo de campo donde experimentar en primera persona el territorio. Una acción que nos aleja del hecho contemplativo y distante del paisaje, aportando connotaciones románticas a este para adentrarnos en una experimentación más visceral para adueñarnos del lugar y, por tanto, una forma de habitarlo por medio de la práctica artística.

Enfocamos la atención sobre lugares, construcciones y elementos de connotaciones arquitectónicas, entendiendo lo arquitectónico como seña de identidad social y cultural. Restos, ruinas y huellas que transforman y modifican el paisaje de marcado carácter antropológico para la investigación, transfiriendo connotaciones historicistas al lugar anónimo.

Vivir, rehabitar y visibilizar el lugar son los objetivos principales del proceso de investigación de carácter fotoescultórico, donde la imagen fotográfica es entendida como herramienta procesual para analizar un territorio que transita de lo natural a lo artificial. Reflexión sobre el paisaje como construcción cultural, entendido como aglomerado de múltiples capas de memoria que construyen su identidad. Cuestionamos el paisaje como verdad impuesta para entenderlo como construcción cultural y, por tanto, artificial, como amalgama de múltiples capas temporales provocadas por la acción del hombre y que transforman su capa superficial y, por tanto, la apariencia del lugar.

Aunque también un marcado interés por el proceso inverso, cuando la naturaleza se adueña de la construcción abandonada, creando una simbiosis entre lo innato y lo construido.

Este discurso conceptual es sometido a un proceso plástico utilizando la representación fotográfica del paisaje como documento y a su vez materia, una metodología de trabajo que marca el punto de partida de la investigación plástica. La fotografía se convierte en elemento de documentación, aunque discerniendo de la representación formal del paisaje e interesados por una interpretación fragmentada y su posterior reconstrucción escultórica, evidenciado así el objeto artístico como artefacto de reflexión compuesto por múltiples capas de lectura. Este proceso aporta una experiencia mucho más cercana al transitar el lugar, lo que denota una mayor preocupación por la experiencia donde el tránsito y el proceso están por encima de la contemplación estética y distante del territorio.

En el proceso creativo lo fotográfico es cuestionado, más si cabe su ontología digital, basada en su propia desmaterialización y su reproductividad inmediata, que trasvasa lo mecánico para situarse en lo virtual y, por tanto, inmaterial en esencia. Desde la práctica artística se pretende trasferir el orden preestablecido actual para trabajar la imagen como materia, forma y objeto por medio del lenguaje y proceso escultórico. De esta forma, se cuestiona la apariencia y superficie de lo fotográfico, alterando su percepción por la utilización de soportes rígidos como base para la impresión fotográfica. Materiales como madera industrial que aportan su propia textura y personalidad a una imagen impresa que se acerca a lo gráfico, que no a su naturaleza fotográfica; por lo tanto, más cercano a la interpretación que a la representación. Todo ello con la finalidad de construir un objeto único como resultado de la experiencia y experimentación fotográfica, por lo que intentamos trasvasar la inmaterialidad e hipervisualidad actual en la fotografía, hacia una concepción más romántica sobre el objeto artístico único e irreproducible.

La estrategia más utilizada es la fragmentación y posterior reconstrucción a modo de collage tridimensional, la fragmentación del paisaje es una metodología que se encuentra empírica de la fotografía, dado que el encuadre significa la selección intencionada de la realidad. Pero cuando repetimos este acto de forma metódica, conseguimos una forma de interpretación del lugar donde hacemos un paralelismo entre el gesto fotográfico y el acto empírico de la mirada, donde el ojo descompone el entorno que percibimos en detalles y fragmentos que son reconstruidos de forma innata en nuestro cerebro, y nos hacen percibir el espacio como en su totalidad. Un gesto utilizado de forma analítica y a su vez con una carga experiencial que, por medio del recorrido visual, sitúa de forma activa al espectador en el lugar.

Agustín Serisuelo