Del 6 de febrero al 17 de abril

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Ana Spoon (2021)

La otra piel

Si aceptamos el concepto que la piel es identidad, empezamos a entender cómo la obra de Ana Spoon investiga la materia concreta de ésta para narrarse a sí misma su experiencia.

Un discurso que gira en torno a la paradoja existente entre nuestra percepción de lo abstracto y lo concreto, que analiza el organismo y la internalización de sus funciones de todo aquello que nos define. La artista acepta como referencia el concepto yo-piel, mediante el cual, el psicoanalista Didier Anzieu, enmarca y determina las funciones psíquicas de lo táctil. Abordando la construcción de la identidad mediante el paralelismo existente entre las funciones orgánicas de la piel y los contenidos psíquicos que se van dando a través de la experiencia en la superficie corpórea. Dado que el yo-piel se compone del yo corporal y de un yo psíquico incipiente, todas las experiencias del mismo, tanto placenteras como dolorosas son estructurantes en sí mismas, son la fuente de las representaciones mentales que se conectan con las pulsiones primarias.

La representación de la piel nos permite acceder a la primera distinción entre dentro y fuera. El límite entre el yo y el exterior desencadena la transición entre un narcisismo primario y un narcisismo secundario –la primera separación en el comienzo de la relación objetal–. Se conecta esto con el aprendizaje del individuo mediante las experiencias de apego y ausencia, que funcionan como cápsula envolvente del yo.
El trabajo de Ana es corpóreo y matérico, reconstruye la piel en las superficies translúcidas que investiga, reviviendo, una y otra vez sus experiencias existenciales e íntimas.

Ana Spoon tiene paciencia. Lleva narrando un cuento desde hace años, y lo hace investigando las huellas que se generan en la identidad, las marcas físicas que aparecen en la piel, reproduciéndolas en material textil –a saber, cortinas, sábanas, telas, medias–, intercalando las telas con el recurso del texto. Casi en una especie de accionismo, construye un lenguaje burlón y relajado, planteando preguntas y en algunos casos provocaciones. Se habla a sí misma, los textos de Ana no exigen un interlocutor concreto, sus conceptos hacen referencia a su experiencia individual en el sentido de íntima y personal, no es una experiencia contextual ni social o de género. En el caso del texto, así mismo, se aprecia la inmediatez de las redes sociales donde lo difunde, tal vez el único momento en que se comunica directamente con el exterior. Aquí genera un código propio del lenguaje: las notas a pie de página, el texto fragmentado en dos hojas, dirigirse a una segunda persona hipotética, en algunos casos es ella misma, en otros es el monstruo con el que se comunica en el espacio alternativo que habita, o bien personajes ficticios cuyos nombres hacen referencia a personalidades conocidas.

El discurso poco a poco va superando la idea del cuento primario para convertirse en su manera de metabolizar la realidad, su propia realidad.
En busca de la translucidez, experimentando con los materiales, el objeto, finalmente, deja que la luz pase, la filtra, diluye la otra realidad, la otra piel. La herida toma forma y el proyecto Un oscuro que te desaparece, no para de evolucionar. Ana se pasa años interviniendo telas y papel con puntillismo a tinta, casi en un gesto automático y reiterado, una hiperproducción que roza el ritual, una insistencia con la que minuciosamente y a la vez caóticamente, rediseña la textura de dicha herida y del acontecimiento. La textura de la piel.

La piel tiene memoria pero también se transforma, está en continuo proceso, así las imágenes antropomorfas se subsiguen en su producción. Acaba descubriéndolas todas una y otra vez casi modificando la experiencia originaria en un modus operandi. Marcas, arrugas y hendiduras pasan a ser textura, y esta macroperspectiva la descontextualiza y genera un espacio íntimo a través del cual la artista sigue transformando el tejido corrompido. Cambia la mancha, cambian los puntos, su color –entra el rojo– y su intensidad, aparecen objetos confeccionados utilizando medias y ramas de árbol, y desde el texto escrito y los textiles, la obra sale al espacio público a partir de 2018, interviniendo paredes y montando instalaciones efímeras en lugares abandonados. Al mismo tiempo, el texto pasa de hojas sueltas y agendas de pequeño tamaño a grandes libros. La obra se expande en todas sus manifestaciones y transciende los límites del soporte.

Ya no importa cómo empezó, fiel a su carácter experiencial, la obra de Ana Spoon ha mutado.

Emanuela Loprieno