E1000 (2021)

La ciudad como soporte

Deambular por las calles, explorar y descubrir son los motores que conectan a E1000 con su universo expresivo. Las relaciones que se establecen entre el imaginario urbano y sus propios recuerdos constituyen el microcosmos en el que se desenvuelve este artista. Su trabajo es sutil, discreto y muy adaptativo. Llama la atención porque precisamente, a pesar de estar a la vista, no busca ser visto, sino que se nutre de la complicidad de quien observa los detalles integrados en el tránsito cotidiano.

Camufladas entre el paisaje urbano encontramos sus firmas, que aprovechan las formas de distintos artificios previstos para otros usos, como pueden ser rejas o alcantarillas. La diversidad de soportes que consigue hacer suyos a través de esta radicional seña del graffiti que es la propia firma varía y muta hasta permitirle intervenirlos con otros propósitos, como pueden ser mandar mensajes o rescatar y resaltar aquellos que encuentra encriptados en el mobiliario urbano. Así, su recorrido comparte mucho con las lógicas y sentidos primigenios del graffiti, pero, además, se adapta a nuevas formas de concebir la ciudad como medio de expresión, sin contribuir a la mercantilización de los espacios públicos.

En las piezas de E1000 se aprecia la centralidad de un importante sentido lúdico que acompaña toda su obra. Tanto el proceso como el resultado son un juego para el artista y el público. Sus intervenciones urbanas no aparecen expuestas de manera evidente, sino que esa voluntad de encontrarlas casi se debe a la intencionalidad de las personas que las reciben, lo cual no impide que podamos sorprendernos identificándolas cuando menos lo esperamos. Para quienes no conocen todavía su obra, encontrarse furtivamente con una de sus piezas puede ser como contemplar el gesto espontáneo de alguien que decidió jugar de repente con las formas, las texturas o el color. Esto hace que prácticamente cualquier persona pueda empatizar con dicho
gesto, fresco e improvisado, y retenerlo en su memoria, pasando a concebir nuevos soportes como canal de expresión.

Otro de sus recursos artísticos identificables podría ser su particular delimitación de las manchas de rodillo producidas por el borrado de pintadas o el juego que lleva a cabo con los desconchones de las paredes que aparecen en los muros de nuestras urbes. De alguna manera, E1000 enmarca los trazos funcionales que encuentra, enfatizando en las decisiones aleatorias de quien ha aplicado estos gestos plásticos con la intención de cubrir y ocultar, entre otras cosas, firmas de graffiti. Consigue con estas obras llamar la atención irremediablemente sobre dichos gestos, como si quisiera señalar algo que previamente estaba ahí. De hecho, no es extraño identificar en la calzada, en los muros, en las alcantarillas o en las aceras de cualquier ciudad, arcas de obra para señalar algún detalle técnico relativo a modificaciones de la señalización, el alumbrado, el asfaltado, las tuberías, etcétera. Tras este tipo de intervenciones, no siempre queda claro qué pertenece a la obra de E1000 y qué es fruto de las gestiones de mantenimiento cotidiano de la ciudad. Donde antes había un desgaste invisible o un gesto censor, tras el paso de este pintor, este queda señalado de una manera llamativa y artificial, invitándonos a reflexionar sobre la naturaleza de aquello que delimita.

Su obra se interrelaciona constantemente a nivel micro y macro, es decir, la gran mayoría está atravesada por esta lógica juguetona que conecta incluso lo aparentemente distante. Así pues, lo que puede considerarse una acertada suerte de selección de objetos para una exposición, en realidad puede llevarnos a cuestionar sus características naturales, gracias a su
descontextualización, cuando se sitúan en lugares con los que no los asociamos. Es el caso de las exposiciones que realiza alejado de galerías y de circuitos artísticos convencionales. Por ejemplo, una instalación adaptándose al interior de un refugio para gatos, una exposición en un tren abandonado, o el escondite de obra física por los recovecos de la ciudad. En cuanto a su
producción artística objetual, a menudo dirige su creatividad hacia el experimento con la funcionalidad de los materiales. Es el caso de la disociación que realiza al reproducir en vidrio, por ejemplo, un trozo de valla metálica. En el recorrido expresivo de E1000, este tipo de alteraciones espaciales y materiales están presentes constantemente como actos intencionados y pueden enmarcarse en el conjunto de un trabajo que se basa en la mínima intervención para generar el máximo resultado.

En Vila-real, podemos apreciar varias acciones artísticas planificadas y realizadas por E1000 en 2021 en las que tuve la suerte de poder colaborar de cerca. Escogió detenidamente cómo aplicar su característica gama de colores a las formas que encontraba en las localizaciones seleccionadas. Como resultado, logró revitalizar espacios públicos deteriorados dotándolos de una nueva presencia orgánica y no invasiva, en los que su obra se integra de manera informada y respetuosa con el contexto. Un buen ejemplo sería la reinterpretación que realizó del trazado primigenio de la ciudad de Vila-real, sobre el muro original del antiguo colegio conocido como l’escola dels cagons.