Del 6 de febrero al 17 de abril

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Felipe Pantone (2016)

Flujo de información

Pocas predicciones de cómo sería el mundo actual acertaron en cuanto al rumbo de los cambios tecnológicos, en la mayoría de ellos se imaginaba un mundo en el que los coches volaran o los androides fueran parte de nuestra vida cotidiana. Si bien es cierto que en este sentido ha habido cambios significativos y que todo apunta a que vienen de camino muchos más, la revolución que habría que destacar por cómo ha cambiado el mundo actual con respecto al de hace unos veinte años es la del flujo de información.

Internet y los dispositivos móviles están cambiando prácticamente todo. Cuando yo estudiaba en el colegio y me mandaban hacer un trabajo sobre la Revolución Rusa tenía que ir a la biblioteca a consultar enciclopedias, para comprar cualquier cosa tenía que encontrar la tienda que la tuviera o la pudiera conseguir, para ver una película tenía que ir al cine si tenía la suerte de que la estrenaran y si me gustaba y quería saber más sobre ese director compraba una revista especializada, para hablar con una chica que había conocido en verano tenía que enviarle una carta y esperar a que me contestara y así una infinidad de gestos cotidianos que están siendo sustituidos por software al que accedemos mediante un dispositivo que llevamos en el bolsillo. Recapitulando nos puede dar algo de nostalgia, mirando hacia delante nos puede dar vértigo, nos puede gustar más o menos pero ahora todo es mucho más rápido, hemos pasado de ir en carro a viajar a la velocidad de la luz.

¿Y cómo afecta todo lo anterior al entorno de la creación artística? Toda esta conectividad está creando un mundo colapsado de imágenes. La fácil accesibilidad a los artefactos de generación y difusión de imagen han dado como resultado un océano de pixeles inabarcable, un escenario en el que se genera más imagen de la que se puede consumir.

Tal es esta sobreinformación que, en un agudo ejercicio de poner un remedio extremo a esta problemática, el ensayista y fotógrafo Joan Fontcuberta propone que el fotógrafo no genere más imágenes sino que se apropie de las que ya existen y las utilice para construir con ellas un nuevo discurso, pasando así de ser un hacedor a ser un prescriptor.

Si atendemos a la difusión de la obra artística en la actualidad, no podemos descuidar el hecho de que los canales de difusión están en un constante cambio y que, en consecuencia, las estructuras clásicas del mercado del arte ven tambalear sus cimientos. Cada vez es menos necesario ser bendecido por una galería con todo el recorrido hecho en cuanto a ferias, medios y clientes. Por otro lado, si hablamos de la concepción de la obra de arte también encontramos cambios significativos. El artista de la actualidad tiene acceso a una cantidad de información que propicia lo que podríamos llamar una globalización estilística, en la que encontramos a artistas de diferentes lugares del mundo preocupados por temáticas idénticas y dando respuestas muy parecidas. En cuanto a la producción artística, debemos destacar la cada vez mayor accesibilidad a los medios de producción, que facilita el hecho de que el artista considere dar respuesta a una inquietud con muchas menos limitaciones que en el pasado.

Ante este escenario existen muchas respuestas que puede dar el artista a día de hoy, la de Felipe Pantone es algo así como coger la gran ola y surfearla. Como artista plástico no sucumbe al temor de que las imágenes que genera se pierdan entre otras y se marca el reto de que, hoy más que nunca, hay que destacar por encima de los demás; para eso procura generar en el espectador un fuerte impacto visual mediante fuertes contrastes y colores muy vivos en elementos abstractos que se basan principalmente en temas relacionados con la conectividad del mundo actual, todo ello sirviéndose de influencias del arte cinético, el op art y el grafiti.

Felipe Pantone no marca límites en la forma que va a dar a sus ideas y trabaja constantemente en ofrecer al espectador experiencias nuevas a través de su obra. La idea de que el flujo de información crece exponencialmente le inspira como leitmotiv y, además de en sus composiciones, lo refleja en su método de trabajo, su hiperactividad y su constante viaje por todo el mundo.

Omar Quiñones