Del 6 de febrero al 17 de abril

Martes y miércoles de 17 a 20 h.

Jueves, viernes y sábado de 10 a 14 h y de 17 a 20 h.

Lunes, domingos y festivos cerrado

Luce (2019)

Descubrir, jugar, resignificar

La gente que acude a un museo, a una galería o a un espacio expositivo, busca ser objeto pasivo de una propuesta concreta planteada por un artista. Ver, juzgar, fotografiar, pasar. Es la contemporaneidad en general, y el arte arraigado al espacio urbano en concreto, el que revoluciona esta serie de predicados y los pone en movimiento. Toca andar, pensar, fascinarse, aprender. Y bajo esta premisa, Luce ha ido construyendo una obra que se ha desarrollado a través de la ciudad. Si su origen fue el denominado -de una manera algo obtusa- arte urbano, este libro y esta exposición recoge lo que ha acabado representando su planteamiento creativo: el movimiento, el descubrimiento, la resignificación, la discreción y la magnificación a través de su reverso, la simplificación.

Hay dos fuentes de las que bebe Luce. La primera, la ciudad. No en su sentido poético o lumínico, sino contraponiendo el preciosismo pretendido y el glamur a una lectura puramente humanista de la misma. Su obra nace de recorrer, de andar y de descubrir en las calles. Si bien su primera etapa como artista se desarrolló sin tener tan en cuenta el espacio, su evolución le ha llevado a la asunción de lo urbano como eje de todo ese trabajo. En su València natal, ha desarrollado toda una geografía propia que ha trascendido de la mera firma a la experiencia. Su dispositivo expositor puede ser una farola, un panel lumínico, la fachada de una tienda, un toldo, un balcón. Porque para Luce es importante bucear en la cotidianidad de la ciudadanía, sin pretensiones ni estéticas impuestas.

Además, ha tomado una opción por la periferia, por intervenir las calles de las que le alertaban, de los lugares que se evitan, que forman parte de otra ciudad dentro de la misma, que tiene roto -a través de la brecha social- lo que se supone que conecta todas las fronteras burocráticas. Luce identifica la cara que quiere enseñar la ciudad y actúa en su cruz, se esconde de las fotografías, de las redes sociales y del preciosismo. Su obra no busca ser consumida, busca ser sin más, tener una vida propia. Andar, pensar, fascinarse, aprender. Cuenta él mismo que una vez repartió unas láminas para que la gente acudiera a los sitios donde había actuado. Muy poca gente lo hizo, y por eso, este conjunto de obras que se presentan son, de alguna manera, inéditas. Porque, a diferencia del mural o el grafiti, Luce no busca que sus intervenciones sean vistas sino encontradas y miradas.

La segunda fuente de la que bebe es la continuada búsqueda por descifrar el aparato urbano a través de las referencias, en un primer lugar, literarias, y en un segundo lugar, urbano; algo que ha sido posible con los viajes que le ha permitido conocer su carrera. El impulso sin discurso es tan estéril como el discurso sin impulso, y la madurez que ha emprendido con su obra necesita mucho de uno y otro, en no pocas ocasiones además, nutrido de otros artistas que le han acompañado.

Con todo esto, esta referencia que se presenta llega en un momento interesantísimo de la obra de Luce, que está más en movimiento que nunca. Resulta absurdo buscarle influencias, igual que grandes constantes. Desde que abandonó la mera firma, su producción artística se ha vuelto exponencial, y recorre -como se puede ver en las obras que recoge este catálogo- lo urbano y lo privado, lo crítico y lo poético, la presencia y la ausencia, la luz, la sombra, la luz en la sombra y la sombra en la luz, siempre desde la clandestinidad. Como hilo conductor, encontrarán el descubrimiento, el juego y la resignificación. Una rutina artística tan amplia y carismática que puede bañar una carrera artística especialmente prolífica y plural. A pesar de los años, Luce tiene una apuesta por seguir sorprendiéndose e ilusionándose, porque es la consecuencia natural de una mirada que busca impulsivamente descifrar aquello que le rodea. Seguir en movimiento, «perdiendo el tiempo para ganar espacio», como reza una frase de Francesco Careri, una de aquellas referencias en las que bucea. El valor de la obra de Luce se podría resumir, por tanto, en esto: en un arte que no es pasivo y que no para. Si, de manera personal, pudiera dar un consejo a quien la quiera explorar les diría que hicieran lo mismo que él con las calles: recórranla, paren y miren para ponerse en movimiento; descubran, jueguen, resignifiquen; busquen más allá y no fotografíen; retengan y adapten los discursos que crean conveniente a su propio caminar. Porque al fin y al cabo, el objetivo de Luce con su obra, más allá de alimentar su curiosidad y su imaginario personal, es darle a la periferia el valor que despreciamos en nuestra manera de relacionarnos con la calle. Levanten la mirada, ¡y a jugar!

Álvaro García Devís