Inauguración: sábado 28 de febrero de 2026, 12 h.
El Convent, Espai d'art, Calle Hospital, 5
Vila–real, Castellón
Miguel Tinoco (2026)
Love life
Acerca de la decisión de titular a su último álbum Live Laugh Love, Earl Sweatshirt argumentó que respondía a dos partes de sí mismo. Por un lado, su (de alguna forma, aún presente) yo de dieciséis años; por el otro, su rol actual como figura paterna. Lo que partía como un nombre irónico, comentó el rapero de Chicago, se terminó revelando como el hecho más serio posible: su hijo no era capaz de aprender a reír si su padre mantenía un rostro estoico.1 Desde fuera, puede resultar un tanto cursi, pero conociendo el catálogo de Sweatshirt, puede intuirse la agridulce gravedad del título. Estamos hablando del peso de un cambio en la mirada.
El título de Love Life, el proyecto que aquí nos concierne, está extraído del libro homónimo de Jean Frémon. En sus escasas páginas, el escritor y presidente de la Galerie Lelong se aproxima a la práctica pictórica de David Hockney, cuyos modos de operar se muestran irremediablemente presentes en el trabajo reciente de Tinoco. Esto se debe a que mucho de lo que ocupan sus pinturas tiene que ver, desde el afecto pero también la distancia, con los cuadros y dibujos del pintor de las piscinas californianas.
En primer lugar, Tinoco ha encontrado una fresca fascinación en lo que se podría designar como una suerte de «ingeniería de la pintura». Con el fin de satisfacer sus deseos plenairistas, se embarca en la tarea de diseñar (aunque quizás le favorezca más el verbo apañar) aparatos que le permitan pintar allá donde se lo proponga. En el caso de su proyecto El barón rampante, realizado en 2025 y expuesto en el CCCC de Valencia, decidió construir una liviana caja de madera con asas, articulada y desmontable, que le permitió pintar al óleo en las copas de determinados árboles. En cierta manera similar a lo desarrollado por Hockney para pintar sus Bigger Trees near Warter, aquí el deseo de la mirada prevalece por encima de sus incómodas condiciones, corroboradas a la par que desafiadas por el gesto pictórico.
En cuanto a Love Life, la articulación es más sencilla: se trata de una antigua cajetilla metálica de Lucky Strike, restaurada por la madre del artista, que le permite introducir un poco de óleo en un lado y un pequeño papel en el otro. Con el tamaño ideal para llevar la pintura en el bolsillo, el mecanismo habilita una pintura muy diferente a la de su estudio, tanto en temporalidad como en control, resultando en una serie de obras más orgánicas. Esta apreciación nos lleva, por tanto, al segundo punto en común con el pintor inglés: la contingencia.
¿Qué motiva a Tinoco a retratar a sus familiares, a sus amigos del pueblo o a sus antiguas compañeras de universidad? Probablemente, algo similar a lo que empujó a Hockney a pintar a sus dos perros salchicha durante más de diez años. En sus propias palabras: «I wanted desperately to paint something loving… The subject wasn’t dogs but my love of the little creatures».2 Una pérdida puede ser el desencadenante de una representación de los afectos, pero también un momento incierto, una etapa confusa o incluso un tiempo de bonanza. La contingencia de lo cotidiano, de lo conocido, lleva a Tinoco a detenerse a mirar a sus allegados, en parte como una forma de seguir conociéndolos.
Encontramos en el trabajo del pintor extremeño un relevante componente anecdótico. Juegos de la infancia, excursiones por el campo, búsqueda y observación de animales salvajes, paseos en bici… Aquello que aparece en sus pinturas siempre guarda una estrecha relación emocional y espacial con su autor. En ocasiones, en el arte contemporáneo, se concibe la anécdota como el sobrante, aquello que nos aleja de lo fundamental. Sin embargo, en este caso, son esos relatos en apariencia anodinos los que sostienen la atención. Una sencillez de la que radica un tallo que se alza con sosiego.
De aquellas raíces, estas semillas: Tinoco ha encontrado en la pintura su forma de retornar, no solo a lugares sino a momentos de su (aún imperante) juventud. Y a través de ese esfuerzo pictórico, madura su mirada. Como en Sweatshirt, los territorios discretos de la viveza parecen obviados por la vista adolescente; al mismo tiempo, aquellos nacen a menudo de la rebeldía del niño. Al final, todo se convierte en un juego muy serio, con reglas un tanto pueriles, asunto de pocos e interés de quién sabe quiénes. Pues tan solo constituye un cálido ejercicio de miradas, atenciones y decisiones.
1 Earl Sweatshirt. (Invitado). (2025, 22 de agosto) Earl Sweatshirt on ‘Live Laugh Love,’Fatherhood, Odd Future & the Wiz Khalifa Tour [episodio de video pódcast]. En Popcast, The New York Times. 5’ 30’’. https://www.youtube.com/watch?v=FH5cyWHTiio
2 Trad.:“quería desesperadamente pintar algo amoroso… […] El tema no eran los perros, sino mi amor por esas pequeñas criaturas”. Cita extraída de 1995. The David Hockney Foundation https://www.thedavidhockneyfoundation.org/chronology/1995
Enrique Res