Selen Botto (2022)

Fotografiar todo lo que era sólido.

Como de costumbre, cojo el bus y el tranvía para desplazarme desde casa a mi lugar de trabajo. El recorrido parte de la zona del puerto de Valencia y avanza en paralelo a un tramo del frente marítimo. Un paisaje cotidiano para mí que, sin embargo, esta vez decido observar prestando especial atención a la basura, la esparcida por calles colindantes a una de las playas más emblemáticas de la ciudad. Bolsas, envoltorios de toda clase, botellas, vasos, cajas o ropa son sólo algunos elementos de un listado interminable conformado en apenas unos minutos. Al llegar, realizo otro ejercicio. Visito virtualmente algunos de los museos internacionales con las colecciones de pintura más importantes en busca de algún atisbo de presagio en ellas, de indicadores, indicios o pistas que vaticinaran la tragedia. Ni rastro, el imaginario que encuentro del mar en tiempos ya lejanos parece limpio, pulcro e inmaculado. Su lado más oscuro reside, si acaso, en escenas bélicas o en la furia de la propia naturaleza.

Pero en su libro Todo lo que era sólido (Seix Barral, 2013), el escritor Antonio Muñoz Molina afirma que «Lo que no existía y casi no se imaginaba puede hacerse real. Lo que hoy es más indiscutible y más sólido y nos importa más mañana puede haberse desmoronado o puede haber sucumbido a un desguace motivado por intereses económicos o designios políticos, o simplemente porque no hubo un número suficiente de personas capaces que tuvieran el coraje de defenderlo”. Una advertencia aterradora desde la que, por ejemplo, es fácil comprender el nacimiento, auge y pertinencia del movimiento ecologista a partir de las últimas décadas del siglo XX. O, adelantándonos al contenido de las páginas que vendrán a continuación, también resulta sencillo empatizar con la sensibilidad y preocupaciones de una joven fotógrafa que por voluntad propia decide emplear varios años de su vida en señalar que aquellas idílicas escenas de arena y agua representadas al óleo u otras técnicas pictóricas pertenecen definitivamente al pasado.

En Do you sea? Selen Botto interpela al público, sin metáforas, sin subterfugios, a tener presente que, como expresa Óscar Calavia en Basura. Ensayo sobre la civilización del desecho (Pepitas de calabaza, 2020), «La basura es el precio que hay que pagar por poner la humanidad en primer lugar». Formamos parte de una sociedad en la que, según un estudio liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), el turismo genera el 80% de los residuos que existen en las playas del Mediterráneo. Asimismo, los microplásticos que acaban en el mar proceden principalmente de productos de cosmética e higiene personal. Precisamente, a través de la reutilización de buena parte de los restos de estos artículos de consumo, Botto incorpora inteligentemente nuevos reclamos a sus imágenes primarias utilizando la superposición, que salpica de colores intensos y artificiales a estampas lúdicas, de recreo o familiares. Al margen de la originalidad y fuerza visual de la propuesta, en ella tiene lugar un atractivo cruce de caminos entre intención artística, comunicación publicitaria y conocimiento científico que podría insinuarnos la virtud y en ocasiones incluso necesidad de no ahogar forzosamente a la fotografía en sus códigos tradicionales, sino de comprenderla como una disciplina más a la que situar en contacto con otros modos de ver y pensar el mundo. Una apertura que quizás facilite la compleja tarea de fotografiar todo lo que era sólido.

Jorge Alamar